“Estos son mis principios y si no le gustan, también tengo otros”. Cuantas veces, por desgracia, hemos repetido esta irónica frase del bueno de Groucho Marx en los últimos tiempos con los vaivenes que nos regala el “reñidero político español”. Y es que para más inri de la política bien traída y ejercida por político/as preparado/as y de firmes convicciones y valores, un ejercicio que debería ser un instrumento para mejorar la vida de la ciudadanía y el progreso de la sociedad, se ha convertido desde hace un tiempo, en justamente lo contrario a ojos de la misma, que mira con cada vez mayor desafección sus idas y venidas, sus dimes y diretes.